Será que suena loco, pero las fiestas llaman a pensar en muchas cosas, a veces porque hace falta cerrar el año, otras por costumbre. En mi caso es el cansancio mezclado con el asombro.
Este fin de año me encuentra rodeada de una generación que, si bien a pocos años de la mía, se me hace extraña y lejana como pocas. Asumo que a eso apuntaban las miles historias que mis viejos contaban empezando, no con el clásico "érase una vez", sino con un "en mis tiempos" cargado de esa amarga melancolía de quien no quiere desprenderse del recuerdo de ese juguete que tanto amor nos dio.
Miro alrededor y veo cambios que me asustan, que me hacen sentir francamente vieja y que no dejan de generarme algún pesar, por cuanto mi infancia -bah, infancia, mi vida- transcurrió íntegra en caminos más humanos y menos técnicos. Hoy veo gente desvivirse por comprar un teléfono último modelo mientras olvidan el cumpleaños del amigo de toda la vida. Qué va.
Se que un cierre de año pesimista no abre sino las puertas de un comienzo de año peor, pero es que no puedo evitarlo, ni puedo comprenderlo. ¡Qué placer me generaba a mí el pasar horas y horas escondida en el último rincón de alguna casa, patio, galería o lo que fuera, esperando mi glorioso momento de correr antes del piedra libre! El febrero de las bombuchas. El marzo de las plazas. El julio de las juntadas con más abrigos que capacidad de resistirlos. El septiembre de los patios. Y así.
Lo pienso y repienso, pienso en lo que esos chicos se pierden... posiblemente es al revés también, ellos pensarán lo que me perdí yo... pero será que realmente es una pérdida no saber que existe un celular, una pc que te habilite a un mundo en red y esa enajenación constante que sufre quien descubre que hay otra realidad menos tangible y menos prejuiciosa a solo un cable de distancia. Capaz que si el humano fuera menos limitado en ciertos aspectos, menos ligero de mente, más reacio a juzgar todo de antemano, menos más, más menos, el mundo sería más fácil y no nadaríamos en un mar de población que no tiene sino el padecimiento del síndrome de personalidades múltiples en su variable más moderna: personalidad-facebook, personalidad-msn, personalidad-twitter, etc.
Y no es que sea la santa de las aisladas de la comunicación, de hecho tengo todas las redes mencionadas supra, y aun así también logro apreciar una buena cerveza sin twitt de por medio, una buena risa sin emoticones y una buena vida sin tener el último modelo de celular.
La clave está en el equilibrio, el no desvivirse por la actualización de anda a saber qué que no vimos, sino tomarlo como una herramienta útil, divertida -si se quiere-, y demás... pero facebook no es una vida al final del día.
El hombre no es una isla, es simplemente un idiota. Entre tantas ventajas que la sociedad actual le provee, entre lo fácil que el mundo se ofrece para quien quiera por el navegar, pesa más en la balanza al final del día un nuevo contacto que un viejo amigo.
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