jueves 20 de mayo de 2010

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Corría, corría. Era temprano a la mañana, nublado, frío... un día de esos para dormir.
Y corría. Viento en la cara, la nariz roja.
El puño cerrado alrededor de la campera, corría.
La respiración entrecortada. Pero corría, símplemente corría.
Nunca nadie supo a donde iba, tampoco nadie se enteró si alguna vez volvió.
Y es todo lo que era, lo que quedaba. Corría.