lunes 28 de diciembre de 2009

R.

hay viejos hábitos que uno tiende a olvidar por el mayor tiempo posible, y, sin embargo, acá estoy: un vez más todo el timbre de esa casa que no me trae recuerdos de ningún tipo, por más que lo intente. Entro y es todo tal cuál como lo recuerdo, sin importar cuánto tiempo pase. Hasta las pilas del reloj podrían ser las mismas.

El humor no da lugar al humo de los cigarrillos y las sonrisas fingidas empiezan a marcar el esfuerzo de la mandíbula por mantenerse en ese lugar. Lo importante son las apariencias, dicen algunos. Cambia el minuto con un tick que suena más fuerte por el silencio de las miradas y su voz corta el aire con un saludo que pretende ser cálido pero en las intenciones queda. Una respuesta que va en la misma dirección y ahí lo supe: nuevamente, misma historia, mismo tiempo.

Al horror que emana de los suspiros se suma la mala predisposición del ánimo, claramente ninguno de nosotros quiere estar ahí... y empiezo a dudar que en algún punto el pensamiento sea mutuo. Amores incondicionales, si los hay...

Se aclara la garganta y anuncia con tono casi monótono la sección que nos toca hoy: reclamos y quejas, tomo 778, alrededor de 37 páginas. Página uno: el gato prefiere a los chicos. Página dos: el cordero es mejor sin las costillas y con un tomate enteramente pelado. Página tres: odio a las cenas fuera del horario tradicional. Página cuatro: alcoholismo. Página cinco: largo apropiado para un vestido. Página seis: efecto de la coca light sin y con hielo. Y así sigue, distribuyendo los tópicos de manera proporcional a la cantidad de hora que dispone, dándoles a todos la misma importancia y con plena conciencia de que quizás no hoy, pero seguramente en algún momento los temas que sobren se hablarán. Es una de esas situaciones en donde la realidad supera la ficción y se recurre al clásico "ver para creer" de la boca de quienes escuchan la historia contada de mi propia boca, con un poco de sarcasmo y de ironía... quizás sea, recurriendo nuevamente a las frases trilladas, porque es mejor reír que llorar.

La próxima hora se hace eterna, tan eterna que podía sentir a la misma silla que protagonizó más de 40 años empujándome hacia la llave... y las palabras mágicas salieron justo cuando me cansaba de sostener la mirada con cada uno que decidía hablar sin hablar: "el departamento está solo". Fue como el alivio de empezar las vacaciones después de dos turnos de exámenes, un lujo. Y era así, el noveno piso nos esperaba con su aroma a "no desacomoden. no toquen. no ensucien. no, no, no... o hagan, total nadie los ve", y Fede y yo no necesitamos demasiado para hacerle honor al célebre "sientansé como en casa". Era el alivio de huir un rato.

El resto transcurre como siempre, es como si el disco de sandra mihanovich sonara una y otra vez desde aquél entonces en esa habitación a la que ni el gato quiere entrar, y aun así, la elegida para la noche. No importa, esta vuelta me traje el LP conmigo, y ahora te quiero ver. De a ratos olvido cuándo fue que me agradaba estar ahí, de a ratos se me escapa la cara de esa persona, quizás por eso evito un poco esa piecita que nunca más nadie usó: los recuerdos cuando se vuelven borrosos me encierran en ellos.

Un día más que parece exactamente la copia del anterior, posiblemente por lo limitado de los recursos del lugar. Y vamos con ellos. Tres mazos de cartas y una canasta para matar el tiempo. Y así pasó el mal trago para darle lugar al daiquiri, stella y vino. Es la rama selecta por mi risa, y digamos que tienen todo el espacio en mi corazón que quieran, tampoco soy tan de piedra, y ellos no merecen que lo sea, así que sí, sacan lo mejor de mí, enmarcado en eso.

Empieza la esperada cuenta regresiva, casi que el corazón se acelera tanto cuanto parece más lento el reloj. El sueño pesado pero pendiente de la hora y el agotamiento emocional de pasar esos dos días que parecieron mil, copia de lo mismo desde hace 7 años. Da la hora, bolso en mano y a caminar sin mirar atrás. Hay errores caros, y ese es uno que no tengo pensado pagar mucho tiempo más que el suficiente.

Ah, cierto. Feliz Navidad.